El Idealista Soñador es muy prudente y por tanto a menudo parece tímido y reservado para los demás. Comparte su rica vida emocional y sus apasionadas convicciones con tan sólo unas pocas personas. Pero uno puede confundirse profundamente si lo juzga como reservado y frío. Tiene una marcada escala interior de valores y unos principios claros y honrados por los que está dispuesto a sacrificarse. Siempre pone mucho esmero en tratar de mejorar el mundo. Puede ser muy considerado con los demás y hace mucho por ayudarlos y defenderlos. Es una persona preocupada, atenta y generosa con el prójimo. Si su entusiasmo por algo o alguien se ve amenazado, puede convertirse en un luchador incansable.

Para el idealista soñador, las cosas prácticas no son demasiado importantes. Tan solo se entretiene con las mundanas necesidades diarias cuando es absolutamente necesario. Tiende a vivir bajo el lema "el genio controla el caos", lo que suele ser normal, por eso a menudo tiene una carrera académica muy exitosa. No está interesado en los detalles, prefiere mirar las cosas en su conjunto. Eso significa que aun cuando las cosas empiezan a agitarse, el tiene una buena visión. Sin embargo, como consecuencia, puede suceder que a veces pase por alto algo importante. Como es muy pacífico, tiende a no mostrar abiertamente su insatisfacción o disgusto sino a reprimirlo. La firmeza no es uno de sus puntos fuertes; odia el conflicto y la competitividad. Prefiere motivar a los demás con su naturaleza amistosa y entusiasta. Quien lo tenga de superior nunca tendrá que quejarse de no recibir suficientes elogios.

Como en el trabajo, el Idealista Soñador es servicial y leal como amigo y como pareja, una persona honrada. Las obligaciones son absolutamente sagradas para él. Los sentimientos de los demás son importantes para él y le encanta hacer feliz a otra gente. Se siente satisfecho con un pequeño círculo de amigos; sus necesidades de contacto social no están muy marcadas y además necesita bastante tiempo para sí mismo. Las pequeñas conversaciones superfluas no son para él.

Si alguien desea ser su amigo o tener una relación con él, debe estar dispuesto a compartir su visión del mundo y estar deseoso de participar en profundas discusiones. Si se consigue, será recompensado con una relación excepcionalmente intensa y enriquecedora. Debido a sus grandes exigencias consigo mismo y con los demás, este tipo de personalidad tiende a veces a sobrecargar la relación con románticas y utópicas ideas hasta un punto en el que su pareja se siente sobrepasado o inferior. El Idealista Soñador no se enamora hasta las trancas pero si se enamora lo hace con la intención de que sea eternamente.